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NUEVOS ARTÍCULOS DE OPINIÓN.

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Recortes en educación

Acabamos de saber que este 2011 el presupuesto dedicado a educación, sufrirá un recorte de unos 1.800 millones de euros. Es decir, una vez más nuestros políticos pecan de cortoplacistas y recurren a lo más fácil y rápido en lo que parece una carrera por ver quién realiza el mayor recorte, y que, sin embargo, es lo más caro a medio y largo plazo.

Es como si unos padres que pasan por una situación económica difícil, deciden que la mejor manera de recortar gastos y llegar a fin de mes, es recortar el presupuesto en alimentación de sus hijos. Que no hace falta que coman tres o cuatro veces al día, con dos es suficiente. De esta manera reducen gastos drásticamente, pero también hipotecan el futuro de sus hijos precisamente cuando más falta les hace. Cuando están creciendo, condenándoles de esta manera a un crecimiento pobre que les garantiza ser los primeros en caer en futuras enfermedades.

Esto mismo es lo que están haciendo nuestros políticos. Sí, el gasto en educación es elevado, pero recortar de aquí es la mayor garantía para sufrir antes que los demás futuras crisis económicas y enfrentarse a ellas en peores condiciones que otros países, tardando más en salir de ella.

Por desgracia nuestros políticos no están a la altura, y no se dan cuenta de cuáles son los pilares de una sociedad de progreso y que nos proteja de futuras crisis. Otros países más avanzados hace tiempo que se dieron cuenta de ello. De modo que cuando esta crisis llegó, recortaron gastos de muchos sitios, exceptuando tres, educación, sanidad e investigación y desarrollo. ¿Cuándo se darán nuestros políticos cuenta de ello?

DANIEL CRUZ MAGAÑA - 14/01/2011- El País.

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Haití un año después

Hay pueblos que parece que sobre ellos ha caído una maldición. Haití es uno de ellos, un lugar en el que se mezcla la extrema pobreza con los sistemas políticos corruptos y la ignorancia que es manipulada por creencias esotéricas como el vudú o el convencimiento de que los muertos vuelven físicamente del más allá (zombis). Con estos ingredientes no hay manera de que u pueblo avance, sobre todo cuando sus dirigentes se aprovechan de todo eso para amasar fortunas inmorales a costa del sufrimiento ajeno.

Así era Haití hace un año. Pero encima la tierra se movió, con una intensidad que en países como Japón significaría un contratiempo (6,5), pero que en lugares de construcciones endebles es la destrucción total. También parece que a los pueblos más pobres les ha tocado habitar en los lugares más peligrosos del planeta. Luego ha llegado el cólera, y la comunidad internacional no ha cumplido lo que prometió en la conferencia de donantes, pero sí que ha habido dinero para misiles, portaaviones y tanques. La verdadera maldición de Haití es la crueldad del ser humano, lo mismo que sucede en Darfour, en el Congo, en Somalia, en Liberia o en Birmania (o como se llame ahora). Lo único que saben hacer las grandes potencias es venderles armas y expoliar sus recursos. Emilio González Déniz.

Las redes sociales

No niego que la Sociedad de la Información es un avance tremendo, que pueden leerse periódicos de Melbourne al segundo en el ordenador de tu casa o en tu móvil, y que la capacidad de comunicación tecnológica hoy es casi de ciencia-ficción. Sin embargo, tantas posibilidades están llevando a nuestra sociedad a que cada individuo se aísle en su madriguera, sentado delante de una pantalla y ajeno a lo que ocurre en su entorno inmediato. Las redes sociales pueden ser un buen mecanismo de comunicación, pero resulta que hay gente que tiene "amigos" virtuales que viven en Oviedo, en Valparaíso o en Nueva Orleans y no se habla con el vecino de al lado cuando se lo encuentra en el ascensor. Me decía hace unos días un cartero con muchos años de servicio que antes llegaba a un barrio, y cuando una dirección no estaba clara preguntaba a cualquiera dónde era la casa de fulano, y todo el mundo se lo indicaba, e incluso le daban detalles sobre la mejor hora para entregarle una carta certificada. Ahora es imposible, pregunta por una persona desde el portero automático y nadie lo conoce, aunque vive en el mismo edificio. Me incluyeron en Facebook hace un par de años, tengo casi 500 amigos y cuando entro me pierdo en un bosque de saludos que luego tienen poca incidencia en la vida cotidiana, porque los que siguen funcionando son los amigos de siempre, esos con los que te ves o hablas con ellos por teléfono. Y es que una cosa es la capacidad tecnológica de comunicación y otra muy distinta la comunicación real. De todas formas, hay que estar ahí, porque es un canal que no podemos despreciar.

Emilio González Déniz.

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IGNACIO CAMACHO. ABC.

Día 16/01/2011 - 23.56h

CONFUSOS Y DESCONFIADOS

LA democracia es un régimen de opinión pública basado en el principio de que el pueblo siempre tiene razón… incluso cuando no la tiene. El problema es que en la posmodernidad este principio ha derivado en una supremacía del marketing porque los partidos y demás agentes políticos declinan cualquier compromiso de persuasión para elaborar su oferta como un menú a medida del electorado. La hegemonía del zapaterismo, por ejemplo, se ha basado en un depurado conocimiento del mercado sociológico que hacía abstracción simultánea de las dos éticas weberianas —la de la convicción y la de la responsabilidad— para formular una política de gestos de impacto priorizados según demanda. Cuando esa fórmula ha chocado con las exigencias de la realidad derivadas de la crisis se ha vuelto inviable porque la sociedad no estaba advertida de la verdadera dimensión de las dificultades; el Gobierno se había limitado a anestesiarla con promesas optimistas y recetas indoloras.

El sociólogo Víctor Pérez Díaz, un intelectual riguroso, brillante y honesto, ha dirigido un serio estudio de diagnóstico sobre el perfil de esa sociedad española sacudida por la recesión hasta dejarla en un estado de ánimo que define en tres palabras cargadas de pesimismo: alerta, confusa y desconfiada. El documento retrata un país desconcertado y receloso, apalancado en inercias pasivas, refractario a debates conflictivos y con escaso nivel de entendimiento sobre los mecanismos reales de la economía abierta. Una mentalidad colectiva de fuerte anclaje paterno estatalista, reacia a la competencia y acostumbrada a que le resuelvan los problemas sin implicarse demasiado en las soluciones. Un pueblo refugiado en las redes de apoyo familiar que se queja amargamente de una dirigencia pública enfrascada en sus conflictos de poder. Es decir, la clase de sociedad un poco victimista en la que resulta muy difícil encajar la idea de autorregeneración por el esfuerzo; resulta muy significativo que el desplome de popularidad de Zapatero se haya producido precisamente cuando se ha visto obligado a desdecirse de sus mensajes blandos y emprender reformas antipáticas que implican un margen de sacrificio. El acentuado desprestigio, rayano en la animadversión, de una clase política surgida a imagen de los propios ciudadanos dibuja la realidad sociológica de una nación renuente a aceptar que en democracia todo el mundo tiene el gobierno que se merece.

Ése es el retrato de esta España… y de la que va a heredar el próximo Gobierno, al que le queda una importante tarea de pedagogía social para explicar la necesidad de los inevitables esfuerzos pendientes. Para que el relevo de poder sirva de algo, a esa gente confusa y desconfiada hay que decirle desde ahora mismo dónde está, lo que le espera y para qué. Ha llegado la hora de la ética de la convicción por encima de los oportunismos electorales.

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Mientras los perros no caguen flores

Juan Luján. Canariasahora.es. 13.1 2011

San Sebastián es una de las ciudades turísticas más importantes de la Península. Los turistas que la visitan están acostumbrados a ver a perros paseando por sus calles y por las avenidas de sus playas. El ayuntamiento no diferencia entre una de las joyas de Euskadi, la playa de la Concha, y las otras playas: Ondarreta y Zurriola. Se les aplica las mismas ordenanzas. No hay que estar preguntándole al guardia municipal: ¿aquí puedo entrar con mi perrito?¿Aquí no? Los donostiarras (y los turistas) saben que si no recogen los excrementos de sus perritos se exponen a multas que oscilan entre los 50 y los 3000 euros.

Las Palmas de Gran Canaria es diferente. Quizá sea la única ciudad del mundo donde la policía local va en pantalones cortos sobre una bicicleta por la única avenida de la ciudad donde está prohibido circular en bicicleta. Es una maravilla, en el principal pulmón de la ciudad no hay carril bici, el punto de la capital que más gente convoca apenas tiene infraestructuras para aparcar la bicicleta. Puede ocurrirte que recorras dos metros sobre tu bicicleta y un coche zeta de la policía te persiga, te atropelle y luego te multe.

Por eso la reforma de las ordenanzas municipales que acaba de aprobar el gobierno de la capital grancanaria no debe sorprendernos. Sigue la misma línea de lo que han hecho los gobiernos anteriores, la contradicción es el eje central de las normas municipales. Porque las caquitas de los perros hacen el mismo daño a la salud de los usuarios de la playa de Las Canteras que a la de los que van a las Alcaravaneras o La Laja. Dice la concejala Inma Medina que los informes técnicos municipales desaconsejaban un cambio en las ordenanzas que prohíben la circulación de perros y animales en la principal playa de la capital. Estaría bien saber si se pidió un informe técnico sobre las otras playas, o se dio por hecho que en las Alcaravaneras, La Laja o San Cristóbal los perros cagan flores.

El cambio en las ordenanzas municipales es positivo, porque reconoce una situación que ya ocurría: en esta ciudad hay 50.000 perros que cagan y mean y no lo hacen en los retretes de sus casas. La prohición generalizada que existía hasta ahora es ridícula. Igual de ridícula que las críticas del PP que estuvo 12 años al frente del gobierno, con mayorías absoluta, y mantuvo las absurdas prohibiciones. Pero una vez reconocida la parte positiva hay que decirle al grupo de gobierno que los ciudadanos de esta capital somos igual de mayorcitos y responsables (o irresponsables) que los de Donosti o Barcelona. En la capital catalana se puede pasear con animales algunos meses del año y los días entre semana. Ambas ciudades tienen la bandera azul europea. Ni los perros de la capital grancanaria ni sus dueños tienen la culpa de que Las Canteras haya perdido la bandera azul.

Es cierto que hay muchos ciudadanos guarros, que no recogen los excrementos de sus perros. Pero son muchos más los que cada día se montan en un coche y aparcan en doble fila, sobre la acera, o en vados para discapacitados. Incluso hay algún alcalde que ha permitido que su coche oficial se aparque en un vado para ambulancias. Pero por eso no vamos a quitarle el coche a los ciudadanos o al alcalde. Mientras los perros no caguen flores la solución está en reconocer que existen, dejar que paseen por los lugares públicos debidamente atados y establecer una serie de sanciones a los ciudadanos guarros o incívicos, iguales para todos, los que pasean por Las Canteras, por Las Rehoyas o por Vegueta.

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Tabaco y derechos

RODRIGO CÓRDOBA - Zaragoza - 20/01/2011

Dado que algunos se empeñan en hablar del derecho a fumar, hay que explicar lo que, en principio, no necesitaría ya argumentación adicional alguna. Todas las cartas de derechos fundamentales recogen el derecho objetivo a la salud. Así, la Constitución Española, en sus artículos 39, 43 y 51, garantiza el derecho a la salud y especialmente a la protección de los menores. El derecho a la salud está recogido en el artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, en el artículo 12.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el artículo 24 de la Convención de los Derechos del Niño y en la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

El derecho genérico a fumar en el ámbito privado y en espacios al aire libre puede contemplarse dentro del concepto de "libertad de expresión", aunque el cigarrillo no es un apéndice corporal como la mano o el brazo.

Pero el derecho a fumar en un espacio público cerrado, en un espacio de convivencia, conculca el derecho básico a la salud de quienes no quieren estar expuestos al humo. No aparece fundamentado en ningún marco legal de protección de los derechos humanos. Fumar no es un derecho, es una adicción causante de muerte prematura, enfermedad y sufrimiento evitables.

10 FALACIAS SOBRE LA LEY ANTITABACO.

1. El derecho a fumar. No existe el derecho a fumar. Sí, en cambio, el derecho a la salud y más concretamente la salud en el trabajo (y los de hostelería seguimos siendo trabajadores, que yo sepa). Aún en el caso de que se pudiera hablar de un supuesto “derecho a fumar” estaría supeditado a este segundo, al igual que la libertad de expresión se acaba donde empiezan el honor y la integridad ajenas.

2. El humo de los coches. Los automóviles emiten, es verdad, innumerables sustancias nocivas al ambiente y muy cancerígenas. Es por eso que algunos defendemos más zonas peatonales y más transporte público, no me acuses de lo que no soy. Incluso así, recordemos que los coches no pueden emitir cualquier cosa y para eso hay algunas normas sobre tubos de escape y otros aparatos similares.

3. Los impuestos al tabaco. Es verdad que el Estado se embolsa cantidades mil millonarias en concepto de impuestos por el tabaco. Lo que no es verdad es que al Estado le interese que haya consumo de tabaco, no mientras la salud curativa siga también dependiendo del sector público (cuando esté plenamente privatizada ya hablaremos). El tabaco genera gastos muy superiores a lo recaudado por las cajetillas en concepto de tratamientos de cáncer, bronquitis y un descenso notable de la calidad de vida de toda la población. Daños en personas que derivan en gastos hospitalarios, uso de camas y tratamientos carísimos.

4. Prohibir, prohibir, prohibir. No sólo se prohíbe, también se intenta prevenir. Recordemos que hay campañas bastante duras (y más lo deberían ser) para intentar acabar con esa lacra que mata a decenas de miles de personas al año. Pero igualmente hay que tener en cuenta que no es la única conducta que está prohibida. Las sociedades democráticas tienen potestad y legitimidad para prohibir determinadas conductas: orinar y defecar en la calle, hacer ruidos a horas intempestivas, conducir borracho, contaminar las aguas… A nadie con dos dedos de frente y sin varios litros de alcohol en sangre se le ocurre reivindicar su derecho a escuchar música a todo volumen a las cinco de la mañana o a coger su coche después de ventilarse tres botellas de vino.

5. Si es tan malo ¿por qué no lo prohíben? Existen otras muchas sustancias que producen daño a la salud y no están prohibidas, ni tienen por qué estarlo. Además, la historia ha demostrado que prohibir las drogas no es la solución y a la Ley Seca me remito.

6. La gente no irá a los bares. La gente no va a los bares a fumar, va a los bares a relacionarse con otras personas, que pueden ser o no fumadores. No creo que mi grupo de amigos deje de salir de cañas a partir de ahora. Lo que sí tengo claro es que podré saborear los refrescos, las cañas y los vinos… y los pinchos sabrán a muchas cosas, pero no a tabaco.

7. Será un trauma insuperable. Los fumadores han superado situaciones similares. No hace demasiados años se podía fumar en los puestos de trabajo hasta que a alguien se le ocurrió que no tienes por qué morirte mientras haces los papeles de tu oficina. Pero antes se podía fumar en las clases e incluso en los autobuses y, que yo sepa, la gente ha entendido que eran espacios comunes

8. Se van a perder muchas cosas: sobremesas, tertulias… No, vamos a ganar muchas otras: calidad de vida, aire limpio, sobremesas agradables, tertulias sin humo, olores interesantes…

9. ¡Es mi bar y hago lo que me da la gana! Será tu bar pero tus trabajadores siguen teniendo el derecho a la salud en el trabajo. Además, la ley es para todos igual, que de eso se trata el asunto. O su vertiente esperpéntica ¡Los fumadores estamos perseguidos! Exageraciones las justas. Más bien parece que lo que estaba perseguida era la salud del resto cuando nos disponíamos a esa gran tradición española de salir todos juntos a tomar a algo.

10. Y si no se puede fumar en los bares ¿por qué hay máquinas de tabaco? Podríamos discutir si está bien o no que se venda en bares. Ahora, también puedo comprar preservativos en la farmacia y no me permiten usarlos allí o adquirir botellas de whisky en un supermercado pero no me tomo las copas entre los berberechos y los tomates cherry. No veo ninguna incoherencia en ello.

Esperando comentarios, para poder discutir otras cuestiones, como las de los parques, hospitales, centros de salud mental y prisiones.

Domingo Benito Lucas. Público, 4-I-2011

Fracaso escolar, fracaso social


JORDI SÁNCHEZ

EL PAÍS - 24-07-2006

Una de las asignaturas pendientes de nuestro sistema educativo sigue siendo la revalorización social de la formación profesional. No es ésta una cuestión nueva.

La mayoría de los dispositivos sociales -incluso más que los institucionales- estaban ya hace 30 años y siguen estando aún encaminados a reconocer como éxito personal y social únicamente aquellos itinerarios educativos encaminados a la universidad. Un ejemplo de ello lo hemos vivido estas últimas semanas con el insistente goteo informativo sobre las pruebas de selectividad.

El éxito siempre se ha relacionado con el acceso a la universidad, y el fracaso, con el abandono educativo o con el itinerario de los ciclos formativos. Pocas noticias tenemos y podríamos rescatar pocos referentes colectivos de éxito asociado a prácticas o resultados educativos en el ámbito de la formación profesional. El éxito, el triunfo, el reconocimiento social, siempre es para los mismos: los que aprueban la selectividad y los que logran la gesta de acceder a los estudios universitarios deseados. Ningún medio de comunicación ni ningún líder de opinión, ninguna institución pública ni social, nos habla de los otros. Nada ni nadie nos da cuenta de los jóvenes que no han optado por las pruebas de la selectividad ni por el itinerario universitario, ni tan sólo por estudiar el bachillerato.

Ellos son los grandes ausentes en el debate educativo, a pesar de que son multitud. Fijémonos, por ejemplo, en la construcción informativa habitual sobre las pruebas de selectividad. Sabemos que desde hace unos años los que aprueban se sitúan entre el 97% y el 99% de los que se presentan a la prueba. Un resultado, sin duda, espectacular. Los responsables educativos se congratulan de ello y se nos presenta como una de las grandes noticias. Sin embargo, nadie nos da razón de todos los chicos y chicas que ya no se presentan a las pruebas de selectividad. De aquellos que dentro del propio bachillerato no han tenido la fortuna de estar entre los elegidos. Y lógicamente, menos aún sabemos de todos aquellos que ya no accedieron al bachillerato porque al finalizar la educación obligatoria optaron por las otras opciones posibles, entre ellas los ciclos formativos.

Todos estos jóvenes existen. Poco importa que sean casi la mitad de la población en esa franja de edad, no forman parte del éxito educativo. Hemos construido una opción de calidad -sin tener en cuenta los miles de estudiantes que cada año se apean de ese modelo- y esa opción se asocia a un determinado modelo de éxito. Y por defecto, olvidamos el resto. Es necesario, en este punto, abordar algunas reflexiones sobre el denominado fracaso escolar. Lo primero que se debe afirmar es que el fracaso escolar, tal como lo tenemos interiorizado, tiene mucho de construcción social, una realidad que trasciende las propias situaciones objetivas de algunos alumnos. Fracaso es, quizá exagerando un poco, todo aquello que no es el éxito. Y si para la mayoría el éxito es acceder a la universidad, para la misma mayoría el fracaso se asocia, más o menos explícitamente, con todo el universo alternativo a la universidad.

No intento relativizar el fracaso escolar, al contrario. Lo que pretendo es subrayar la barbaridad que a mi modo de ver supone la concepción mayoritaria de lo que es éxito y lo que es fracaso en el sistema educativo. El reto social es poner de relieve de manera urgente otros parámetros de éxito en la educación que no tengan como referentes ni el bachillerato, ni la selectividad, ni la universidad. Entre otros motivos porque, si seguimos insistiendo en esa idea de éxito, lo primero que deberíamos hacer es aceptar que el fracaso escolar que hoy conocemos es, ante todo, un fracaso social y un fracaso del sistema educativo. Cualquiera puede entender que cuando en un colectivo el fracaso no afecta a una minoría, sino que se acerca al 50%, no es atribuible a las características de los individuos que no tienen éxito, sino al sistema y a sus responsables, que no han sabido adecuar su tarea a las características de tan amplia población.

Toca, pues, revisar el concepto de éxito y fracaso escolar. No para esconder ningún resultado ni tampoco para rebajar el nivel educativo de nuestro sistema, del cual por cierto no andamos sobrados. La búsqueda de la excelencia educativa y la garantia de disponer de un sistema educativo socialmenre equitativo deben ser los objetivos principales de cualquier política educativa. Pero lo que hay que afirmar es que la excelencia -tan escasa en cualquiera de los ámbitos educativos del país- no es sólo una posibilidad reservada a quienes van a acceder a los estudios universitarios. La excelencia no puede ser un estándar único para todos los posibles itinerarios educativos. Hay que corregir errores para evitar algunas consecuencias perversas que sufren una parte de nuestros jóvenes que, por causas muy diversas, quedan arrinconados del pelotón de escapada hacia un determinado modelo de éxito, como si nuestra educación tuviera que ser una permanente carrera donde sólo unos ganan y los otros pierden.

El fracaso escolar, ¿cuestión de sexo?

El elevado descalabro educativo español (30,8%) es un asunto masculino - Las alumnas obtienen un rendimiento superior

JOSÉ LUIS BARBERÍA

EL PAÍS  -  Sociedad - 12-04-2009

"Tenemos un problema muy serio con los chicos", resume el profesor Antonio Matamala, tras descomponer, para el periodista, la fórmula en la que se sustenta nuestro modelo educativo: "Dos medidas de comprensión lectora, dos de atención en clase y dos de esfuerzo personal". A juicio de este pedagogo, director de Bachillerato del colegio Liceo Europeo de Madrid, el problema es que buena parte de los alumnos varones se muestran incapaces de cumplir con esas exigencias mínimas. Se mire como se mire: por cursos y ciclos académicos, por autonomías o redes de titularidad pública o privada, resulta ya innegable que las alumnas obtienen un rendimiento sustancialmente superior al de los chicos a lo largo de todo el sistema educativo. Es una noticia incómoda, incluso, excéntrica, pero tan persistente que ha acabado por romper el pudoroso corsé de la corrección política.

Reconozcámoslo abiertamente: el desastre del elevado fracaso educativo español (30,8% en 2006) y el abandono escolar temprano son un asunto esencialmente masculino. Sin la abultada contribución de los varones a ese descalabro, en el que la inmigración contribuye sólo en una porción mínima, las alumnas españolas no estarían muy por debajo de la media educativa de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), establecida en el Informe PISA. Y lo que tenemos, en la antesala de la sociedad del conocimiento, es que más del 36% de los muchachos y el 25% de las chicas salen del sistema escolar sin ni siquiera haber cubierto la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO); jóvenes con una formación académica mínima y ni oficio, ni beneficio. El objetivo comunitario de reducir el fracaso escolar al 15,5% en 2010 se ha convertido para España en una amarga quimera.

¿Vamos a un modelo de pareja común en la que el varón es manifiestamente más iletrado que la mujer? Porque en la educación, el sexo débil es claramente el masculino. "Hay chavalas con una capacidad impresionante; sacan unas notas excelentes, hacen montones de extraescolares: ballet, deporte, piano, militan en una ONG y encima, ayudan en su casa", se admira Matamala. Las chicas lo hacen ya mejor en los primeros años de escolarización y ese rendimiento diferencial superior se mantiene, con altibajos, a lo largo del recorrido educativo hasta desembocar en la Universidad. En los últimos años, el porcentaje de licenciaturas universitarias conseguido por las mujeres se sitúa en torno al 61%. Y eso, pese a que las chicas continúan estando más retrasadas en las asignaturas de matemáticas y física y que, por lo mismo, siguen mostrándose reticentes ante las carreras científico-técnicas. La directora del Instituto de la Mujer, Rosa Perís, achaca a razones culturales esa pobre representación femenina, cercana al 30%.

"Las carreras técnicas les dan miedo porque ellas son muy prácticas y buscan salidas profesionales más compatibles con el proyecto de fundar una familia, tener hijos...", explica, a su vez, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio García Martínez. Según eso, el estancamiento en el número de catedráticas y de personal docente femenino universitario (36,1%) y la falta de correspondencia entre la superior formación de las mujeres y su lugar en el mercado laboral tiene que ver con su voluntad de procrear, una suerte de "mandato de género" que trunca, a menudo, trayectorias profesionales brillantes. La discusión está en si el denominado "techo de cristal" (expresión que designa los obstáculos supuestamente invisibles que impiden a las mujeres ocupar puestos de responsabilidad para los que están preparadas) depende sólo de factores culturales o influyen también elementos biológicos. En cualquier caso, la conciliación entre la vida laboral y familiar se revela como una necesidad urgente, puesto que ningún país -no, desde luego, España-, puede permitirse el lujo de prescindir de la riqueza potencial que conlleva la formación de las mujeres.

La variable de género ha sido poco utilizada en la investigación estadística oficial, aunque pocos directores de centros de enseñanza dudan, a estas alturas, de la significación de las diferencias entre el comportamiento educativo masculino y femenino. A falta de datos oficiales y sin pretensiones científicas mayores, algunos pedagogos han optado por confeccionar sus particulares estadísticas para poder calibrar el alcance del fenómeno, siquiera en el plano doméstico. La de Matamala, que cubre los cuatro cursos de la ESO y los dos de Bachillerato, muestra que en los seis ejercicios académicos el número de varones suspendidos en más de tres asignaturas superó siempre al de las chicas. Los propios estudios del Ministerio de Educación establecen que entre los estudiantes que acaban la ESO el porcentaje de varones repetidores (49%) dobla, prácticamente, al de las mujeres (26%).

Pero es que, además, los premios extraordinarios por rendimiento académico o esfuerzo personal pertenecen a las mujeres de forma tan abrumadora que, en algunos centros, se priman los méritos masculinos para evitar que los varones se sientan convidados de piedra en la fiesta. En la práctica, la "discriminación positiva" lleva tiempo ejerciéndose en determinadas universidades privadas que buscan asegurar un cierto equilibrio de matrículas masculinas y femeninas. "Sé de una universidad, cuyo nombre no diré, en el que las mujeres necesitan medio punto más de nota media para poder ser admitidas", indica un profesor. Aunque, por lo general, las diferencias se recortan en el Bachillerato -en la etapa en la que los asuntos amorosos ocupan buena parte del universo mental femenino y los chicos reaccionan con una mejor disposición para el estudio-, el retraso no termina nunca de enjugarse totalmente a efectos de la mayoría estadística. De hecho, el reparto más equitativo de los suspensos no permite recuperar todo lo perdido, ni deshacer la ventajosa posición que ocupan las mujeres en la franja de los sobresalientes y notables. El porcentaje de chicas que se gradúan en la enseñanza posobligatoria (Bachillerato, en la rama académica) supera en 12 puntos al de los hombres. El 58,25 % de los alumnos que se matricularon en la Universidad en 2007 fueron mujeres.

¿Qué está pasando para que este fenómeno, generalizado dentro del mundo desarrollado, se produzca en nuestro país de forma bastante más acusada? Aceptado que el nivel de inteligencia es igual entre los sexos y que la escuela tiene vocación igualitaria (a diferencia en, muchos casos, de la familia y del mercado de trabajo) las explicaciones se centran, sobre todo, en la más temprana maduración psíquica y física de las mujeres. "No se puede generalizar, pero a ciertas edades, las chicas son más espabiladas", sostiene Dolores Villalba, directora de un colegio público de Primaria en Vallecas (Madrid). "Maduran antes, son más constantes y estudiosas", apunta, a su vez, Juan José Nieto, director de un instituto de Secundaria.

Encuestas llevadas a cabo en una serie de institutos muestran que en la ESO y el Bachillerato los chicos estudian una media de tres horas semanales, mientras que las chicas dedican a esa tarea alrededor de ocho. A la vista de estos datos, está claro que demasiados niños pasan demasiado tiempo con los videojuegos y matan las horas ante el televisor en lugar de hacer sus deberes y también que las chicas trabajan y se esfuerzan más. "Ellas son más aplicadas porque también son más conscientes de la importancia de la educación. Hay que tener en cuenta que en los niveles de formación bajo la tasa de paro femenino es muy superior", subraya la directora del Instituto de la Mujer. También se implican más en la clase. "De ocho manos que se levantan para formular una pregunta académica, siete son chicas", comenta Matamala.

Y eso, por no hablar del comportamiento masculino en esas edades en las que la testosterona desbocada causa estragos. Los estudios del colegio Montessori y la experiencia de otros centros muestran que más del 80% de los alumnos conflictivos suelen ser chicos. Ellos acaparan los partes de incidencia y las expulsiones, protagonizan la gran mayoría de los actos de indisciplina y las agresiones. En contraste con esa característica física, algunos pedagogos detectan entre las chicas una "agresividad psicológica alta" de efecto igualmente pernicioso. La expresión "son un horror", referida a los niños, más indisciplinados, desordenados, inconstantes, se escucha, sobre todo, en Primaria de boca de un profesorado abrumadoramente femenino. De ahí, que, especialistas como el propio Matamala, propugnen reequilibrar la composición por sexos del profesorado. "Hay profesoras que como no logran entender los comportamientos de los niños varones corren el riesgo de incurrir en falta de empatía", señala.

Lo que parece claro es que el dominio temprano de la lectura y la escritura -de acuerdo con una serie de informes, en estas materias, las mujeres llegan a acumular una ventaja de hasta año y medio-, contribuye poderosamente al mejor rendimiento continuado. Según el Informe PISA 2006, las alumnas españolas aventajan en 35 puntos a los chicos en el área de escritura, lengua y comprensión lectora, frente a los nueve puntos de retraso que arrastran en matemáticas.

"Nuestro sistema educativo está en crisis, sobre todo, porque aplicamos la misma metodología a chicos y chicas sin tener en cuenta sus notables diferencias biológicas, el dimorfismo cerebral que explica sus distintos comportamientos", sostiene la profesora de derecho administrativo de la Universidad Carlos III, de Madrid, María Calvo Charro, autora de numerosos trabajos sobre la educación. A su juicio, "las chicas se adaptan mejor al sistema gracias a su precocidad en el habla y la escritura, mientras que los chicos adquieren mayor facilidad para el pensamiento lógico matemático y el razonamiento abstracto".

Madre de dos chicas y dos chicos y presidenta en España de la Asociación Europea para la Educación Diferenciada, Calvo Charro sostiene que la educación mixta de aplicación metodológica común ha dejado de tener sentido, a la luz de la experiencia y de los actuales conocimientos científicos.

"Hay múltiples y crecientes ejemplos en Estados Unidos, Australia y Europa que demuestran", subraya, "que aplicar a los chicos y chicas metodologías y ritmos diferentes contribuye a mejorar sus rendimientos escolares. En la educación diferenciada o especializada por sexos como le llamamos, las muchachas están más centradas y tranquilas, menos pendientes de los chicos". Asegura que ellas mejoran en matemáticas y física y los chavales, que, a su juicio, precisan un ambiente más competitivo y disciplinado, progresan en lenguaje. "Veo ventajas y ningún inconveniente. No es una cosa de la derechona, no se trata de volver a segregar a los sexos; es una cuestión de eficacia, chicos y chicas pueden seguir conviviendo en la escuela y compartiendo otras clases", aclara.

Pese a todo, su propuesta escandaliza a buena parte de la comunidad educativa. "La coeducación es, en sí misma, un valor que facilita la convivencia en igualdad. Hay que tener en cuenta que la educación no es solo la transmisión de conocimientos", destaca Carmen Vieites, de UGT y promotora del proyecto Sindicadas. Educando en Igualdad. "No creo que separar a los alumnos por sexo resuelva las cosas", comenta Ana María Savaté, directora de la Oficina de Igualdad de Género de la Complutense de Madrid. Tampoco a Matamala le parece una buena idea. Al igual que otros especialistas, opina que los políticos, los padres y el conjunto de la sociedad debe tomarse en serio que la educación es una tarea de todos y que hay que combatir el modelo de sociedad consumista que alimenta el deseo y, por lo mismo, la frustración.

Piensa que los palos que bloquean la rueda del sistema educativo son también el bombardeo televisivo de la violencia, el abandono de valores como el esfuerzo y el machismo todavía latente en tantos hogares españoles. La pregunta sigue siendo: "¿Qué hacer?". Pero la única respuesta unánime es que habrá que hacer lo imposible para reducir la calamidad del desastre escolar -esa grieta de género-, y para que nuestro país no pierda pie en el camino hacia la sociedad del conocimiento.

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